Lidia García. Nuestro origen

Lidia García. Nuestro origen

Fue el 5 de octubre del 1943 cuando Lidia nació en Juncalillo, un barrio de Gáldar. De una familia sencilla emerge su persona: humilde, constante sin estridencia, cercana a los más pequeños, sensible por su tierra canaria.
Tenía 17 años cuando decidió firmemente entregarse a servir a los demás.

Cualquier rato libre lo aprovecha para mezclarse con el pueblo potenciando una vida metida en el quehacer y en el vivir de familias sencillas y trabajadoras.

En su vida se agarra a las siguientes convicciones: “Nadie tiene necesidad de tus brillantes argumentos. Es el testimonio de tu vida lo que necesitan. Admira la pureza y el servicio humilde del agua, la fuerza del fuego, la generosidad de los campos”.

Se forma como enfermera  y es destinada a una barriada de Santiago de Chile en la época del general Pinochet.

Lidia no se encierra en las meditaciones de sus ejercicios y rompe con la realidad que la rodea. Ella se asoma fuera y, sin duda, pasea por el pueblo porque la solidaridad que la quema dentro es muy fuerte. Está convencida que hay que dedicar muchas horas a estar con la gente. Así es la verdadera revolución que, sin aspavientos, intenta que todo el mundo crezca como persona, se sienta mejor y vaya conquistando los derechos que se le han negado.

Cuando regresa a Canarias se asienta en la comunidad de Montaña Alta de Gáldar y trabaja también como correctora de Radio ECCA por los pueblos. Con la carrera de Magisterio obtiene una plaza en el colegio de Morro Jable. En Fuerteventura asume por un tiempo la dirección de una Escuela Hogar. Pero eso de ser directora no le va. Dice que no se siente llamada a mandar sino a secundar.  La salud  de Lidia sigue siendo precaria. Se cansa mucho, aunque nada de esto le impide estar en la brecha de su trabajo.

De Fuerteventura pasó en 1983 a la comunidad del Castillo del Romeral y Vecindario. En 1991 realizó su labor en Tenteniguada, Balos y finalmente en Tamaraceite. La enfermedad de Lidia, el cáncer, avanzaba. Enfrentó su enfermedad y luchó. Sus ganas de vivir le ayudaban a superarse. Siempre serena, aunque sobrecogida por los duros tratamientos, el 3 de Agosto de 1996 fue la víspera de su muerte.